
UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA PARA ENTENDER EN QUÉ NOS AFECTA LA REFORMA LABORAL
La reforma laboral puede ser buena o mala. Favorecer a trabajadores, o a empresarios. En principio parece que reformar es sinónimo de mejorar, nadie reforma algo para dejarlo peor. Sin embargo, el término reforma laboral en la utlización corriente ha pasado a tener un significado claramente negativo: la reforma laboral es algo malo. Y esta contradicción se comprende cuando tenemos en cuenta que todas las reformas laborales que se han realizado desde la instauración de la monarquía han supuesto pérdidas de derechos laborales y peores condiciones de trabajo.
Aparece así una nueva contradicción, esta vez no linguística, sino histórica. ¿Cómo es posible que durante la dictadura franquista los trabajadores gozaran de más y mejores derechos laborales que durante la monarquía parlamentaria?
Hay muchos nostálgicos de franquismo que utilizan este argumento, y ni los políticos, ni los pseudosindicatos
UGT y
CCOO saben contestar, porque la explicación de esta contradicción histórica implica su descrédito.
Vamos a intentar buscar una explicación y sacar las consecuencias que nos permitan conocer el momento que estamos viviendo.
En la segunda mitad del siglo XIX la revolución industrial es una realidad que ha transformado el mundo, se ha consolidado una nueva forma de producción, y las masas de braceros y desocupados agrícolas se han convertido en obreros y obreras, constituyendo el grueso de la población, además el funcionamiento de la sociedad depende de su trabajo, estas y otras circunstancias culturales hacen que esa población desarrolle una conciencia colectiva y esa conciencia le revela su fuerza. Al sentirse fuerte se enfrenta contra la explotación que padece, quiere que se la trate con dignidad, tener garantizados medios de subsistencia, tener derechos sociales, decidir en las cuestiones que les afectan, y por último transformar la sociedad, igual que transforman la materia prima, y conseguir un mundo donde la explotación y la miseria están erradicadas.
Este ascenso de la clase obrera hace que el poder, las clases privilegiadas, sientan peligrar su status, y maniobran con la táctica del palo y la zanahoria. Reprimirán con dureza las expresiones de libertad, pero no les quedará más remedio que intentar atraerse a esta clase social. Todos los sectores que aspiran a la supremacía social tienen que contar con los trabajadores, y todos hablan de mejoras para ellos.
A principios del siglo XX el ascenso de la clase obrera es imparable. La Primera Guerra Mundial no es sino un intento de dividir a los trabajadores, y frenar la revolución. Que los trabajadores de cada pais no sean conscientes de que su enemigo, contra quien tienen que luchar, es contra sus propios gobernantes. Se excitan artificialmente los sentimientos nacionalistas, y se envía a la guerra a obreros franceses, contra obreros alemanes. Los elementos más lúcidos se dan cuenta del engaño, obreros franceses y alemanes se niengan a matarse entre ellos, se condena la guerra, y se declara la huelga en el frente. La confusión que se produce en toda contienda bélica facilitará que los estados mayores franceses y alemanes se pongan de acuerdo entre ellos y fusilen a los soldados que se niegan a combatir. Las leyes de guerra se aplican sobre todo a la propia tropa, se prohiben sindicatos, se acaba con las libertades públicas. La Primera Guerra Mundial servirá, entre otras cosas, para acabar con el movimiento obrero organizado.
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http://archivo.CNT.es/Documentos/Reforma/historia_reforma.htm