PALABRAS DE LA ALCALDESA DE ARANJUEZ, MARÍA JOSÉ MARTÍNEZ DE LA FUENTE, EN LA PRESENTACIÓN DE LOS CURSOS DE VERANO 2012
DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS
(Madrid, 26 de abril de 2012)
Mis primeras palabras deben ser de gratitud, que es un buen modo de comenzar porque, como escribió Cervantes, debemos “considerar la gratitud entre los placeres”.
Gratitud al Rector y a su equipo rectoral, y a quienes tienen la responsabilidad directa de organizar, programar y dar contenido a estos Cursos de Verano de la Universidad Rey Juan Carlos, que llegan ya a su decimotercera edición.
Esta cita universitaria veraniega en el Real Sitio y Villa de Aranjuez ha tenido desde su inicio una excelente acogida, y no me refiero sólo a la lógica favorable acogida de los participantes, sino también a la acogida de los ribereños, las gentes de nuestra ciudad. Puedo asegurarles que la ciudad de Aranjuez siente estos Cursos como algo propio que forma parte de nuestra vida cotidiana en un periodo del año y cada verano se espera su inauguración y su desarrollo con renovada expectación.
La Universidad Rey Juan Carlos ha programado, y así lo hace en cada edición, temas sugerentes tratados por ponentes relevantes que aúnan respuestas a la curiosidad intelectual que no tiene tiempo porque es de todo tiempo, con la actualidad, desde las reflexiones que, con espíritu universitario, surgen de lo que nos es cercano en cada coyuntura.
Universidad y Ciudad son dos conceptos muy cercanos, diría que cómplices. Desde su inicio la Universidad supuso una unidad con su entorno. Las Universidades más venerables y más vetustas alzaron por el mundo los nombres de las ciudades en que se ubicaban. Ya nuestro Cisneros entendió su afán, que trasladaría más allá del océano, como una Ciudad-Universidad, y Alcalá, su fundación, lo fue. La propia Universidad Rey Juan Carlos es ya sus ciudades. La Rey Juan Carlos es una Universidad joven, y desde esa juventud, es una Universidad prestigiosa. Ahora se ha abierto una reflexión, a mi modesto juicio no sé de qué utilidad, sobre si sobran o no Universidades. Es obvio que cada nueva Universidad tuvo en el momento de su creación una razón de ser y de existir, que en este caso es lo mismo. Desandar lo andado, por mucha crisis que padezcamos, es una mirada atrás, y ya sabemos que mirar atrás supone convertirse en una estatua de sal, que traspasando la metáfora no supone otra cosa que la nada, la inutilidad.
Ahora parece que las Universidades pueden ser entendidas por algunos como esos aeropuertos inhabitados, silenciosos, sin movimiento, muertos, que no se sabe por qué se construyeron. Pero, por el contrario, no hay nada más habitado, menos silencioso, más en movimiento y más vivo que la Universidad. La crisis pasará, sobrevendrán y pasarán otras crisis, y las Universidades permanecerán. Porque son vida.
Esa vida se derrama en las ciudades en las que las Universidades se ubican y, en lo que a mí respecta, incluso a las ciudades que por un breve espacio de tiempo gozan y se engalanan con los cursos universitarios de verano. Es el caso de Aranjuez gracias a la cita veraniega que debemos a vuestra Universidad.
La llegada estimada de un millar de alumnos durante esos días tendrá un impacto muy positivo en el dinamismo, la actividad y la vida de nuestro municipio, y ya trabajamos para tener todo a punto y así poder brindarles a todos la cálida acogida que merecen.
No es menor mi gratitud, unida a las que ya he expresado, por el hecho de que la Universidad tenga el gesto de poner a disposición de los ribereños una serie de becas para que los alumnos empadronados en Aranjuez puedan acceder de forma gratuita a las sesiones y así participar de forma activa en la transmisión de experiencias y, por qué no decirlo, sabidurías que estas jornadas universitarias suponen para nuestra ciudad.
Este año debo destacar, además, la vuelta de los Cursos a las instalaciones del CES Felipe II, que entendíamos debía ser su espacio natural dada la consolidación de estas ediciones universitarias. En el CES Felipe II los ponentes y participantes encontrarán un ámbito más adecuado, con todos los servicios necesarios a su alcance, para que la estancia sea más grata, fructífera y plena.
La continuidad de los Cursos y su regreso al CES Felipe II queremos desde el Ayuntamiento que suponga algo así como una nueva etapa, y una muestra más de la extraordinaria relación entre Aranjuez y la Universidad. Los resultados de la coordinación entre la Administración Local y las instituciones académicas han sido y son extraordinarios y benefician al interés general, en el camino, no fácil, de acceder a una sociedad avanzada, más justa y más próspera. Estoy convencida de que esta colaboración se mantendrá en el futuro con la misma cordialidad y altura de miras que hemos tenido hasta ahora.
La Universidad es la residencia más alta y señera del conocimiento, del pensamiento, de la excelencia, del contraste de ideas, del debate y del paso de la reflexión inicial a las conclusiones. Enseñar, amigas y amigos profesores, es el menester más comprometido y hermoso que puede suponerse. Es la entrega a los demás que Ortega reflejó de una manera que, desde mi primer curso en la Facultad de Derecho, me impresionó por su sencillez y contundencia, cuando escribió: “Siempre que enseñes enseña a la vez a dudar de lo que enseñas”. Es un paso distinto en la misma línea del consejo de don Miguel de Unamuno: “Pensar por cuenta propia y practicar la duda”. Quien duda, quien no se abraza a verdades absolutas, es un ser libre y piensa como tal.
En este espíritu y desde este compromiso, nos sentimos orgullosos de albergar cada año los Cursos de Verano de la Universidad Rey Juan Carlos, que, además, coinciden en su intención con una clara apuesta del Gobierno Municipal que me honro en presidir, dentro de nuestro ámbito, por la formación superior, por la excelencia académica, y por la cultura, dentro de la sociedad competitiva en la que vivimos. Un pueblo culto es un pueblo respetuoso y refractario a todo autoritarismo. Todavía las soluciones a los graves problemas de España, algunos endémicos, pasan por atender debidamente, con generosidad y rigor, a la enseñanza en todos sus niveles. Aquella viaje fórmula de “Escuela, escuela, escuela”.
Mi deseo es que quienes acudan al Real Sitio y Villa de Aranjuez con motivo de esta nueva edición de los Cursos de Verano de la Universidad Rey Juan Calos, participantes alumnos y participantes ponentes, aprovechen esa circunstancia para, además de sus actividades universitarias como discípulos y maestros, disfrutar de las ricas posibilidades de cultura, turismo y ocio de las que dispone nuestra ciudad, un lugar emblemático por su historia, su cultura y el carácter acogedor de sus habitantes.
Concluyo mis palabras reiterándole mi gratitud, señor Rector, y a los excelentes profesionales de la Universidad Rey Juan Carlos, faro universitario ubicado en el Sur de nuestra Comunidad, con mi felicitación por la magnífica programación de esta edición de los Cursos de Verano.











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