Hospital de sangre


Aquella María Cristina que nos quería gobernar, nos gobernó y, ademas, de reina, fue regente y gobernadora, mando edificar este palacio de ladrillo rojo en estilo neomudejar y sobre unas antiguas huertas reales llamadas del Deleite.
Lo hizo con toda probabilidad con parte de los beneficios acumulados en sus juegos bolsisticos en la naciente industria española y aconsejada por el bueno de Salamanca, marqués, banquero y constructor de ferrocarriles, ademas de barrios madrileños.
Larra decía de la buena señora que no no había empresa española donde no tuviera representación&rdquo. Símbolo de esta preponderancia real es este Palacio construido sobre un altozano que domina el casco de Aranjuez y se alza varios metros sobre el propio Palacio Real como una especie de “nomeolvides” materno regalado a la joven Isabel II.
Ya lo llamen Palacio de Maria Cristina, del Deleite, del Regajal se referirán al mismo edificio que con el paso del tiempo, capeando guerras carlistas, pronuniamientos, desamortizaciones y repúblicas es comprado por la Compañía de Jesús en 1923 para destinarlo a vivero de jovenes soldados de Cristo.
La II República expropia diversos bienes a la Iglesia, entre ellos los pertenecientes a esta organización eclesial. Un decreto de Manuel Azaña expropia este edifico en particular el 8 de febrero de 1932 y lo integra en su plan de lucha antituberculosa el 8 de marzo de ese mismo año. Todo un prodigio de eficacia administrativa y de buen uso del Boletin Oficial de entonces.
La muchachada de las columnas milicianas que cercan el Alcazar de Toledo necesitan y encuentran en este edificio un hospital de sangre al que son evacuado sus heridos de primera línea. Dura muy poco como tal. El avance de las tropas de Varela sobre la orilla occidental del Tajo impidió que pudiera desempeñar su función más allá de los primeros días de enero del 37. La ocupación del vértice Reina en las cercanias de Seseña lo puso bajo el tiro directo de las baterias de 155 facciosas. Para no correr riesgos, el hospital fue trasladado a diversos edificios en el interior del casco urbano de Aranjuez.
Las lomas traseras que respaldan la edificación fueron rápidamente fortificadas con una doble línea de trincheras que serpentea a lo largo de la colada del Regajal. Sobre esta camino se dispuso los refugios excavados en las arcillas y margas de estos cerros, en cuyos vértices de instalaron varias baterias de la DECA ( Defensa contra aviones) que dificultaron sin impedirlo los bombardeos de García Morato sobre Aranjuez, asi como varias baterias de obuses que tenían bajo su fuego el paso de la carretera a andalucia del Tajo en el Puente Largo y los del ferrocarril sobre los rios en el Tajo y Jarama.


Decreto de expropiación

Fachada en 1.900
 
Plano del recorrido
 
 El recorrido


El camino que nos permite visitar este escenario parte de las tapias orientales del nuevo estadio de Futbol desde la misma carretera de Andalucia. Una cómoda vereda sorte retama y tomillo sobre una pendiente de yesos hasta el cerro cónico y truncado en su cima. Se trata del Parnaso, una elevación, -la primera de las cuatro que salvaremos y situadas entre los 555 a los 587 metros-.

En la subida, dejaremos a mano derecha la primera de las excavaciones rectangulares que se adentra en la falda del cerrete y que sirvió como almacen de municiones a las baterias instaladas, unos metros más debajo de la cima sobre unas explanaciones artificiales unidas por un camino construido por cuadrillas de zapadores.
Atravesaremos la explanación y el viejo camino de municionamiento para sobrepasar las dos ligeras ondulaciones de terreno que señalan la linea de trincheras. En unos pocos minutos, llegamos a la cima del Parnaso con su puesto de observación. Un lugar inmejorable, al frente a tres kilometros en línea recta, quizás menos se alza la terraza occidental del Jarama. La carretera de Andalucia serpentea por la Cuesta de la Reina. El valle del Jarama se abre a sus pies y es reconocible el inicio del flanco sur de la sangrienta batalla. Ciempozuelos, Titulcia, la desembocadura del Tajuña y las primeras elevaciones que rodean Morata.

Dejando el vertice del Parnaso en dirección a las elevaciones gemelas que el acompañan iremos observando por el camino los refugios individuales y colectivos escavados en los farallones rocosos. Aunque sucios, medio derrumbados, todavía se encuentran en las paredes algunos grafitis asi como las pequeñas hornacinas en las que se dejaban los quinques de trinchera fabricados con latas de sardina.
Tras unos cuarenta y cinco minutos de andada habremos pasado por detrás del Palacio del Deleite y vuelto al punto de partida. Desde alli, en dirección norte se levantan dos bunqueres de cemento sobre las elevaciones de yeso. Para llegar a ellas, nada mejor que enfilar la calle de Abastos hasta su final y emprender una dedicida ascensión hasta los 641 metros.

En sus tramos finales dejaremos a mano derecha, la mina de salitre que aprovisionó los mosquetes de Carlos III. Desde la altura, puede divisarse el Palacio Real, o los antiguos cuarteles de Guardias Reales y Walonas. Tambien destaca, el barroco y lúgubre Convento de San Pascual, carcel y campo de internamiento de postguerra o las torres cónicas del Palacio de Silvela, donde se asento la Auditoria de Guerra para Cuenca y Toledo. Trazen una recta que una estas dos edificaciones y tendrán el recorrido obligado de las "sacas nocturnas". Pero eso, son otras historias y otros caminos.

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Texto de expropiacion de Alcalá Zamora Fachada del palacio en 1900 plano del recorrido vista de trincheras y refugios TRinchera