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Mensaje PALABRAS ALCALDESA EN EL ACTO CONMEMORATIVO DE LA PROMULGACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA 
 
PALABRAS DE LA ALCALDESA EN EL ACTO CONMEMORATIVO DE LA PROMULGACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA
(Aranjuez, 2 de Diciembre de 2011)


Mis primeras palabras han de ser de satisfacción por participar en este acto de tan hondo significado democrático, y de expresión de gratitud al Colegio Litterator, que nos acoge.  

La Fiesta de la Constitución, en cada aniversario de su promulgación en 1978, se celebra este año apenas dos semanas después de otra gran celebración estrechamente relacionada con el camino constitucional: la Fiesta de la Democracia, que esto es lo que supone la convocatoria de los españoles a las urnas en unas elecciones generales que eligen la representación ciudadana en el Congreso de los Diputados y en el Senado.

Probablemente esta cercanía entre la celebración del aniversario de  la Constitución y  las elecciones generales, que tienen por objeto conformar las Cámaras legislativas en que se residencia, de acuerdo con la Carta Magna, la soberanía nacional de España, sea una circunstancia elocuente para que los más jóvenes puedan hacerse una idea de lo que representa esta Ley de Leyes esencial para nuestra convivencia que sustenta los más altos valores de la Paz, de la Justicia y de la Libertad.

La Constitución, que cumple estos días 33 años, se ha convertido ya en la de mayor permanencia desde nuestra primera experiencia constitucional, la Constitucional liberal de Cádiz, llamada “La Pepa” porque fue promovida el 19 de marzo de 1812, festividad de San José. En aquel texto se reconocía por primera vez en nuestro país que la soberanía nacional reside en el pueblo, representado en las Cortes, y no en el Rey, entre otras conquistas democráticas como la importante Libertad de Imprenta o la libertad de Opinión.

Debemos aprovechar cada aniversario de la Constitución para concienciar a la sociedad en general y a los más jóvenes en particular de lo que significa la vida en Democracia; el compromiso de participar en un proyecto compartido con ilusión y esfuerzo; la oportunidad de que las personas manifiesten sus ideas libremente; el imperio de la Ley; el derecho al trabajo, a la vivienda digna, a la educación suficiente, a la sanidad para todos, a la cultura plural… Y todo ello reconociendo las dificultades, los altibajos de su práctica, el esfuerzo que a menudo supone su consecución, pero entendiendo el conjunto como un haz de principios irrenunciables para todos.

A  mi juicio el nuevo rumbo político que nos hemos dado los españoles a nosotros mismos por el veredicto inapelable de las urnas debe ser entendido  como una oportunidad para que la sociedad profundice en su confianza y en su interés en las instituciones democráticas, sin cuya consolidación el sistema representativo del que nos hemos dotado entraría en quiebra insalvable. Todos somos conscientes, desde unas u otras opciones de convivencia política, que algunos acontecimientos de nuestra historia reciente no han contribuido como deberían haberlo hecho a esta consolidación, pero con la colaboración de todos, cada uno desde su responsabilidad y desde sus ideas, podemos lograr que el futuro sea mejor, teniendo muy presente las circunstancias especiales y dolorosas de la actual crisis económica que nos afecta a todos.

La Constitución y el Estado de Derecho deben ser, del mismo modo, el referente de la llegada de tiempos mejores para el común de los ciudadanos desde la realidad de una España armoniosa y unida que acierte a aparcar las diferencias territoriales, que a menudo se exageran, y rememos juntos desde las bases que nos unen. De esta forma las generaciones hoy activas podremos ofrecer a los españoles más jóvenes, a las generaciones que serán protagonistas mañana, las oportunidades y la calidad de vida por las que la sociedad española ha venido trabajando. No debemos caer en la desidia, en la comodidad o en el pasotismo, ni ser complacientes, ni por acción ni por omisión, con la ruptura social y política de España que algunos pueden haber pretendido, de hecho han pretendido, pretenden, o puedan pretender en el futuro.

En España no sólo atravesamos una grave crisis económica; padecemos, además, con mayor o menor evidencia, una crisis territorial, una crisis institucional y una crisis de valores. Confío en que estemos a tiempo de enmendar el rumbo, de encontrar la brújula que nos muestre el norte. La Constitución no es ni debe ser una panacea para resolver todos los problemas, pero es un marco de convivencia cuya trascendencia no se puede negar. Resulta obvio que carencias, riesgos o quiebras a las que hemos asistido se han debido a fórmulas para bordear peligrosamente esa Constitución que nos dimos los españoles.

Por primera vez en nuestra Historia constitucional, la de 1978 no fue una Constitución de unos contra otros sino que se debió a un consenso responsable que en su momento asombró al mundo, un mundo que contemplaba expectante, y no sin preocupación, nuestra transición política, y asistió a acuerdos hasta entonces impensables. El paso de la dictadura a la democracia fue modélico, y por ello causa más desasosiego que en los últimos tiempos nuestra transición se haya visto devaluada y ninguneada y también que la Constitución haya sido expresa y públicamente puesta en tela de juicio y, más aún, de hecho debilitada, incluso por aquellos que dadas sus singulares responsabilidades públicas no deberían haber caído en tales errores.    

Puede que la Constitución no sea perfecta, de hecho en su texto se contemplan las vías de su hipotética reforma, pero si fuese así sería responsabilidad compartida contribuir a que mejore, reposadamente y sin sobresaltos, con el mismo espíritu conciliador que propició su elaboración.

Si la Constitución fuera un ser humano, a sus 33 años podríamos decir que ha entrado en la plenitud de su vida. Se ha convertido en un texto adulto que ha madurado y que garantiza a los españoles el marco de su convivencia, sus derechos y deberes, en la realidad de una sociedad avanzada que se sustenta, entre otros principios, en la Libertad, la Igualdad y la Justicia.

Entre los retos inmediatos a los que nos enfrentamos, considero que tenemos que recuperar la idea de España como complicidad de los españoles, los principios de la identidad, la solidaridad, el sentimiento de pertenencia a esta vieja Nación junto al reconocimiento positivo a las particularidades que se manifiestan en su seno. Tenemos que fomentar el respeto a las ideas y creencias de los demás, la libertad de expresión y la libertad de pensamiento frente a la tentación del llamado pensamiento único.  

Y es bueno recordar esta mañana, precisamente en un centro escolar, que la capacidad para discernir, para pensar libremente,  empieza en la infancia, desde los primeros tramos en la formación de los niños. Un entendimiento correcto y respetuoso de esa obviedad ha de pasar por la libertad de elección en la educación, por la decisión libre de  los padres a la hora de elegir la enseñanza que quieren para sus hijos, que no debe ser impuesta ni restringida a un modelo único. Por ello las Administraciones Públicas tienen la responsabilidad de garantizar los mecanismos y recursos necesarios para que este principio sea posible, de modo que puedan atenderse las demandas de las familias garantizando su capacidad de elección tanto en la escuela pública como en la concertada. La enseñanza privada cumple su papel, en otra vía del mismo tren, pero no corresponde que me refiera a ella en esta ocasión

En la escuela debe comenzar también el conocimiento de la Constitución, y en ese sentido me consta que se realizan actividades escolares apropiadas  para que los pequeños asimilen un amplio conjunto de conceptos que son  complejos para su comprensión en edades tempranas. A veces su complejidad llega a que ni siquiera los adultos seamos siempre conscientes de su trascendencia y valor.

Es una importante responsabilidad de las Administraciones Públicas y de las instituciones educativas y sociales la transmisión del contenido y la reseña de los valores de nuestra Carta Magna para que las generaciones que hoy se forman, y que son el futuro, adquieran de forma natural un compromiso con el Estado de Derecho en el que viven y con lo que representa. Dentro de esa labor, la celebración del Día de la Constitución supone una ocasión propicia para acercar a los escolares las claves del funcionamiento de nuestra Democracia y sus valores, como la división de poderes, los derechos y los deberes de los ciudadanos, dentro del sistema de convivencia que tiene en su frontispicio el reto de conseguir una realidad más justa, más libre y más igual.

En Aranjuez vivimos una experiencia de gran utilidad en este sentido: el Pleno Infantil, que esta semana se acaba de constituir, como siempre, con alumnos de 6º curso de los colegios de Primaria y Educación Especial de nuestra ciudad. Este Pleno Infantil servirá para que quienes están en periodo de formación y conocen ya la convivencia entre sus coetáneos, sus familiares y sus próximos, aprendan a defender sus ideas desde el respeto y el debate constructivo y pacífico. Desde aquí saludo a la nueva alcaldesa infantil, Elena Lizasoaín, a la que deseo lo mejor.

Me parece muy oportuna la elección del artículo 16.1 de la Constitución como objeto del trabajo de los alumnos en este curso académico. Señala: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley”. En sólo tres líneas se alza nada menos que el compromiso del respeto a los demás, a quienes sin coincidir con nosotros ni en ideas ni en creencias religiosas ni en su forma de expresarlas, están junto a nosotros, caminan con nosotros, y no deben ser considerados más ni menos que nosotros. Son distintos pero no contrarios.  

La enseñanza de la Constitución y de los principios de nuestro sistema democrático, los pilares del Estado de Derecho, junto a los valores sociales y de convivencia pacífica y respetuosa,  suponen la verdadera “educación para la ciudadanía” que no adoctrina ni manipula sino que educa desde la neutralidad del pluralismo. Hace pocos días tuve ocasión de conocer un texto de la llamada “educación para la ciudadanía” y espero que lo que allí se decía (un texto generoso en descalificaciones, latiguillos ideológicos y aseveraciones casi de trinchera) no supusiese un denominador común en los libros de esa controvertida asignatura. Intencionadamente no seré más explícita sobre el particular. Los profesores que manejen esos textos estoy segura de que me entienden. En todo caso, se trata de formar ciudadanos libres y no de manipular conciencias. Así se entiende esta asignatura en Europa que, por desgracia, asume en nuestro país otros cometidos a mi juicio indeseables.

Por otra parte, todos debemos intentar presentarnos ante los más jóvenes con un componente de ejemplaridad, y singularmente quienes tienen a su cargo la trascendental labor docente y quienes asumimos responsabilidades públicas. A veces no será así, pero debe ser la excepción que confirme la regla.

Es buena ocasión ésta en que recordamos, celebrándola, la Constitución de 1978, para manifestar nuestra confianza en el futuro desde la realidad que supone un sistema de pluralidad y libertades como el que tenemos, que, por ejemplo, las generaciones anteriores a la mía, no conocieron y tuvieron que luchar por construirlo muchas veces desde el sacrificio y las penalidades. Yo no había cumplido once años cuando se aprobó la Constitución. Deseo que quienes hoy tienen esa edad vivan durante toda su vida gozando de un sistema de convivencia, de paz, y de libertad como el que hoy, un año más, conmemoramos centrándolo en nuestra Carta Magna.

Muchas gracias
 




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Partidos Obreros???? Obreros Partidos!!!!!!

Siempre que los partidos se han puesto a la cabeza de un movimiento o se han identificado con el, solo ha sido para debilitar sus efectos.
Paul Mattick
 
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