PACTO CÍVICO Aranjuez
Bajo este ambiguo título se esconden algo más que buenas intenciones con respecto a la conservación del entorno urbano de Aranjuez y sus zonas verdes. Con este titular y planteando a cualquier ciudadano, si está por la labor de mantener limpio el entorno donde vive, la inmensa mayoría respondería afirmativamente, por lo que este pacto en sí sería el reflejo de un sentir unánime de la población de Aranjuez, pero bajo estas palabras se esconden unas intenciones y propósitos no tan limpios como los enunciados del Pacto Cívico.
Este pacto es fundamentalmente un pacto de silencio y no de limpieza, un pacto de censura y contra la libertad de expresión, ya que aprovechando y legitimando como arma la ordenanza de medio ambiente se introduce la prohibición general de poner cualquier tipo de cartel anunciador o repartir información sobre actos que se lleven a cabo en la ciudad, por distintos colectivos. Se defenderán diciendo que ya hay sitios habilitados para tal fin, así es, paneles de chapa en zonas poco transitadas y que poner ahí carteles es igual que mantener en el anonimato la actividad que anuncian. Esta nueva ordenanza va en contra de colectivos de escasos recursos y de personas que para ofrecerse a trabajar y dada la eficacia de los servicios de empleo públicos, no tienen otro medio a su alcance que elementos del mobiliario urbano. Claro está que los firmantes del pacto y amantes del ornato y la limpieza cuentan con suficientes medios económicos y de comunicación para difundir sus mensajes y que éstos lleguen a todos los ciudadanos de una u otra manera. Así están la emisora municipal al servicio del amo de turno que sabiendo la escasa audiencia de dicha emisora de vez en cuando nos buzonea publicidad a todo color de los logros conseguidos durante su mandato; los periódicos y emisoras privadas al servicio del capital al que sirven y del que viven.
Con esta norma se quieren curar en salud para que el malestar social no les dañe la vista a su paso por las calles, que la única realidad sea la reflejada en sus medios, que la realidad política y social siga encerrada en sus urnas y plenos, evitando cualquier margen para el cuestionamiento de este sistema de organización social, que el pueblo sea un parque temático que genere realidades propias, ajenas a las que laten en el mismo.
No estamos a favor de ensuciar por ensuciar, ni destruir, sino de utilizar el espacio público como medio de expresión y difusión de ideas y acciones. Para nosotros y todos los que como nosotros creemos en un modelo participativo de ciudad queremos espacios habilitados en zonas públicas para difundir nuestros mensajes, no sólo carteles en época electoral reservados a los de siempre.
Hasta que esto no ocurra seguiremos utilizando el espacio público y el celo, para pegar los carteles y que puedan retirarse fácilmente, frente a los carteles mastodónticos suyos que anuncian obras que no empiezan, que nunca acaban o que llevan acabadas largo
tiempo y los carteles continúan para mayor gloria de los que se gastaron el dinero público.
Para todos aquellos que osen ir contra este bonito Pacto les esperan sanciones económicas desproporcionadas, la privación de libertad por expresarse todavía está mal vista.