Creo que es un magnífico hilo.
Sí, es cierto, estamos un poco “rácanos”.
Bueno, es una alegría enorme ver funcionar las fuentes, sobre todo la del Cisne, que no hemos visto funcionar nunca y que no creía que llegaríamos a ver. Los juegos de agua son espectaculares, y se han debido de hacer con el criterio de recuperar las intenciones que animaban la creación del Jardín del Príncipe.
Quindós nos dice:
“Quiso S. M. que se imitasen aquí las fuentes de los jardines del Real Sitio de San Ildefonso, según lo permitiesen las aguas salobres y gruesa del mar de Hontígola de que se habían de surtir. Para ello mando venir á Don Joaquín Demandre, Escultor en aquel Sitio, y que aprendió de su padre del propio nombre, autor de aquellas fuentes, á graduar y repartir el agua en los surtidores para las diferencias en los juegos; el qual ideo varias que presento á S. M. de mucho mérito y buena distribución, como son las que se pusieron.”
Desgraciadamente los acontecimientos de 1808 dejaron inconcluso, en lo que toca a ornamentación principalmente, el Jardín del Príncipe. Sólo se hicieron una parte de las fuentes que se tenía pensado construir, y éstas no estaban animadas de los juegos de aguas que les correspondían. Para conseguir esto se pensaron unos depósitos en los cerros que diesen la suficiente altura para producir juegos de agua importantes. Ya pusimos el proyecto que ideó Juan de Villanueva en algún otro hilo, pero lo repetimos aquí:
Era una obra importante que llegó a comenzarse.
La situación en el plano sería aproximadamente ésta:
Pensemos que los depósitos estarían, aproximadamente, a 570 y 545 metros de altitud. Nivel suficiente para alimentar unas fuentes que se encuentran a unos 497 m. Hubo que dar una alimentación de urgencia desde un depósito algo más cercano que ya estaba hecho desde hacía cincuenta años: el “Charcón” de la Huerta Valenciana.
Situación del Charcón:
Este estanque se encontraba a unos 513 m. de altitud; es decir, que solamente se disponía de un desnivel de 16 ó 17 m.
Pues, aun así, sí llegaron a “imitarse” las fuentes de La Granja, al menos, en lo que a algunos diseños se refiere. Veamos la fuente de Los Vientos o de Eolo, que era obra de René Fremin hacia 1723:
Y ahora veamos la fuente del Cisne o de Las Cabezas en una postal antigua:
Las dos fuentes en los grabados de Brambilla:
Se ve que los surtidores actuales, que nos muestran en todo su esplendor las fotos de Juanín, son mucho más potentes que los antiguos. También se ha modificado la configuración hidráulica. En las fotos antiguas se ve que la fuente del Cisne sólo tiene un surtidor vertical, el montante o principal; ahora se ha dado una gran notoriedad a los cuatro surtidores que surgen de las caracolas, llegando a competir en altura con el montante en alguno de los juegos de aguas.
La parte negativa de la obra es la desaparición del grupo escultórico original, que se realizó en mármol en los últimos años del siglo XVIII. Este grupo, muy deteriorado, se ha sustituido por otro de material plástico. Desgraciadamente no sólo racaneamos en el
foro, sino que también lo hacemos en Patrimonio a la hora de elegir los materiales de las réplicas. Éstas, en mi opinión, sólo se deben usar cuando no está en condiciones de restauración la pieza original, y, en este caso, deben usarse materiales similares al original. Creo que en el caso del Cisne y Tritoncillos se debería haber realizado en mármol.
Foto en que aparece el grupo original:
Otro aspecto negativo, siempre según mi opinión, es el
tiempo de funcionamiento de las fuentes tras la restauración. La fuente del Cisne va a funcionar solamente 20 minutos de los 10080 que tiene una semana. Si nuestros juegos de agua no son tan vistosos como los de La Granja, Caserta o Versalles, teníamos, en cambio, la prerrogativa de su funcionamiento casi constante. Es posible que las bombas no permitan un funcionamiento en régimen constante, no lo sé, pero, al menos, estar en cifras similares a las de los jardines mencionados. Creo que ese
tiempo es insuficiente para la tradición de Aranjuez.
Tampoco me ha gustado el cerramiento que se ha hecho de la plaza en que se encuentra la fuente. Pienso que no se han seguido criterios históricos en este caso tampoco. Estas glorietas tenían varios accesos, siendo el centro de un pequeño dédalo de calles más o menos sinuosas. Todo este encanto se pierde, y, en su lugar, se produce una “angustia” por inaccesibilidad, algo parecido a lo que se sufre en el cerramiento de chinescos. Estas “represiones” son ajenas al espíritu del jardín de Aranjuez. En las vistas del jardín del XVII, que nos muestran las páginas del libro “Las Delicias de España”, se ve una animación grande, una cercanía entre personas y cosas, a pesar incluso de lo disparatado de la escala. En los jardines del XVIII se tiene la misma sensación: el Parterre es una fiesta, un jardín colorido pese a lo medido de su trazado. Es lamentable la cárcel en la que se encerró en el XIX a los únicos elementos que ahora son originales: las Nereidas. Ahora hay que verlas de lejos, casi apretando los ojos, esforzándose. Y el Príncipe, ¿qué decir? Es, por esencia, contrario a ataduras de trazado y a cierres intolerables.