Esta mañana, caminando por la calle Jesús, me fijé en la cantidad de alcorques vacíos que hay, pero aún me llamó más la atención el peligro que entrañan para cualquier transeúnte despistado o discapacitado.
Como se puede observar, la profundidad es considerable, y el porrazo puede ser aún mayor
Ya que no se utilizan, al menos podrían rellenarse de tierra para evitar accidentes lamentables.
















