La pobreza, la injusticia social, la pérdida de derechos ya no es exclusivo de países poco desarrollados, y por eso cada vez que hablamos de cooperación internacional al desarrollo se levantan voces argumentando que primero debemos atender los problemas nacionales. Es un sentimiento compartido por mucha gente, y es lógico que aparezca, es un mecanismo de defensa. Pero si lo pensamos con detenimiento es poco eficaz porque las causas generales de estos problemas las genera el propio sistema capitalista, y la globalización económica lo ha extendido de tal manera que ha creado un círculo vicioso donde todos estamos conectados.
Nuestro consumo y sobretodo la forma de producir de las grandes empresas occidentales crean pobreza allí, en los países ya de por si empobrecidos.
Todos somos conscientes de que el paro provoca pobreza y marginación, pero un trabajo cuyo sueldo no da para cubrir las necesidades básicas, también tiene el mismo efecto. Coloca a la persona en una posición de indefensión, no puede despreciar el empleo porque peligra su subsistencia, pero al mismo tiempo le impide buscar otra alternativa mejor. Obliga a que los menores trabajen para contribuir a la economía familiar, lo que les impide asistir a la escuela y condena a la siguiente generación también a seguir en la pobreza. La imposibilidad de ahorro, de educación y salud adecuada impide cualquier oportunidad de prosperar. Necesitan ese trabajo para sobrevivir pero les genera una dependencia que se asemeja a la esclavitud.
Por otro lado, la existencia de esta “mano de obra” tan barata, tan desprotegida y las facilidades fiscales que sus gobiernos facilitan para atraer capital extranjero, hace que las grandes corporaciones trasladen, cada vez más a menudo, sus factorías a esos países. En Aranjuez lo sabemos bien, nos ha pasado ya en otras ocasiones y ahora recientemente con LEVER. Lo peor es que no volverán hasta que nuestras condiciones laborales sean similares a las peores condiciones de esos países empobrecidos. Nuestro egoísmo, nuestro consumismo irresponsable provoca pobreza “ALLÍ”, y la pobreza de “ALLÍ” ocasiona paro y marginación “AQUÍ”. Un círculo vicioso que necesitamos romper por el bien de todos. Por eso, si queremos defender nuestros derechos necesitamos acabar con la pobreza en cualquier lugar del mundo y erradicar la pobreza nos ayudará a defender nuestros derechos.
Desde la Plataforma 0’7% promovemos la cooperación internacional al desarrollo para ayudar a erradicar la pobreza como una forma de hacer justicia. Por eso la importancia que le damos a que se impliquen las instituciones públicas, a que participen los ciudadanos y a que se realice con dinero público. Algo que ahora se ha reducido tanto que corre peligro de desaparecer.
Pero somos conscientes que con esto no bastará, por eso defendemos también otras muchas iniciativas muy necesarias, como la creación de una Corte Mundial para juzgar a las multinacionales que no respetan los Derechos Humanos o ambientales, evolucionar hacia un consumo responsable, al consumo local, incluso al autoconsumo. Creemos absolutamente necesario un mejor reparto de la riqueza con medidas como el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF, inspirada en la Tasa Tobin), pero también en el reparto del trabajo porque es un Derecho Humano que todos tenemos que disfrutar. Y por supuesto medidas que acaben con los paraísos fiscales y persigan el fraude fiscal, sobretodo el de esas grandes fortunas que ahora quieren amnistiar.
Por favor, no permitamos que la crisis sirva de excusa para limitar los Derechos Humanos. Ni aquí, ni en ningún otro lugar del mundo.


















